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Trabajo de parto normal dura en promedio de doce a catorce horas

Trabajo de parto normal dura en promedio de doce a catorce horas

El trabajo de parto es un proceso dinámico, dependiente de las contracciones uterinas, y que, según la velocidad de la dilatación cervical, se divide en dos fases.

La primera es la fase latente, en la cual el cuello se dilatará más lentamente (fase inicial del trabajo). En esta etapa, que puede durar de 12 a 20 horas, las contracciones son irregulares, menos intensas, y muchas veces, apenas perceptibles. En esas horas, muy comúnmente, la gestante refiere sólo "que la barriga se queda dura, pero que no está sintiendo dolor". La progresión aún es lenta y la dilatación del cuello es inferior a 1 centímetro por hora. El cuello va progresivamente perdiendo la rigidez y quedando ablandado. Cada contracción promueve tracciones sobre las fibras musculares del cuello y presionan hacia abajo la bolsa de las aguas y el bebé, en su gran mayoría, por el "polo cefálico" (cabeza). En la acción de estas dos fuerzas, el cuello se acorta y se dilata cada vez más y el bebé tiende a descender y sobrepasarlo, migrando por el canal vaginal y la cuenca ósea hasta que se exteriorice en el "nuestro mundo de afuera".

Es importante que se reconozca el llamado falso trabajo de parto - "alarma falsa" - y se diferencie de la Fase Latente. En la "alarma falsa", las contracciones son irregulares, los "dolores" son de poca intensidad, pueden ocurrir en salvas, sin un ritmo adecuado, no tiene patrón progresivo - muchas veces cesan con el simple reposo - y no se observa dilatación del cuello . Es la mayor causa de "va-y-viene" las maternidades de las gestantes de "primer viaje". Para su adecuada identificación, debemos repetir el examen obstétrico y, sobre todo, el "toque vaginal" después del intervalo de dos horas de observación.

A partir de los cuatro centímetros de dilatación, diagnosticada por el tacto vaginal, entra la llamada fase activa, o (en el caso de la parturienta, en promedio, de 3 a 5 contracciones de entre 20 y 60 segundos, en 10 minutos de observación y que promueven la dilatación progresiva del cuello uterino ("dilatación cervical") alrededor de más de un centímetro por hora, con o sin rotura de la bolsa de las aguas. A través del tacto vaginal, se evalúa el descenso de la presentación fetal (parte del feto que se ofrece al canal del parto) tomando como base ciertos puntos de referencia óseos de la cuenca materna. La cabeza del bebé, en las condiciones ideales, "encaja", "fija", y desciende por la cuenca ósea. El trabajo se va intensificando a medida que avanza el tiempo.

En condiciones normales, alternando contracciones y momentos de pausa cada vez más cortos, la "fase activa" evoluciona entre seis y doce horas, a partir de cuando el cuello alcanza 10 de dilatación hasta el momento del expulsivo, es decir, la salida del niño fuera del cuerpo materno. En condiciones de normalidad, el "período expulsivo" no debe sobrepasar de los 30 minutos a una hora y deberán ofrecerse todas las condiciones y posiciones para hacer los esfuerzos que ayuden al nacimiento del bebé. Los tirones sobrevenen instintivamente, coincidiendo con las buenas contracciones que se repiten cada uno o dos minutos, intercaladas por fases de relajación, cuando la parturienta deberá estar libre de estímulos que la sacan de su "estado especial de conciencia".

En la fase activa ocurren las contracciones más doloridas y prolongadas cuando se comparan con las primeras horas del trabajo de parto. Podemos amenizar estos momentos lanzando mano de ejercicios respiratorios, reasignación con técnicas de relajación, baños calientes de bañera o ducha, pero lo que en general se observa es que en estos momentos la mujer tiene una actitud como si estuviera "plena", en "estado de" "la gracia" ante la suprema realización de la maternidad y anticipando la primera vez que va a acoger y abrazar a su hijo.

El último acto está representado por el "delivramento" o "dequitación ?, el nombre dado a la expulsión de la placenta y que debe ocurrir entre cinco

Durante todo el trabajo de parto es indispensable el control de las condiciones de vitalidad del bebé a través de la auscultación intermitente de sus latidos cardíacos, durante uno a dos minutos y repetida cada 15 a 30 minutos, conforme es una gestante de alto o bajo riesgo.

La auscultación debe realizarse en los intervalos, durante y después de las contracciones. La regularidad, ritmo y características sonoras nos informan sobre el bienestar fetal. Si es necesario, se puede realizar la monitorización cardíaca fetal continua asociada a un gráfico de las contracciones uterinas (cardiotocografía fetal). La auscultación debe realizarse cada vez con más frecuencia - cada cinco o 10 minutos - a medida que el trabajo de parto avanza. • El seguimiento de estas informaciones será repetido de acuerdo con la evolución individualizada en cada caso.

Durante la evolución del TP, la gestante - principal protagonista - deberá tener amplio soporte físico y emocional del equipo obstétrico, respetando su privacidad y siempre que sea posible con libertad de posición y movilidad. La posición vertical, sobre todo mientras camina, cuenta con la ayuda de la gravedad e intensifica la eficiencia de las contracciones y el esfuerzo de la madre, acelerando el procedimiento y acortando significativamente el tiempo del trabajo de parto.

A diferencia de la posición horizontal, en el parto de cuclillas el proceso es más rápido, mucho más cómodo y la mujer no sufre compresión de importantes vasos sanguíneos, lo que podría llevar al sufrimiento del feto. Otra ventaja es que el área de la pelvis es aumentada en hasta 40% y la elasticidad del perineo es menos comprometida (manteniendo su integridad), lo que facilita el paso del bebé; ya en posición horizontal, el feto es obligado como "subir" durante la expulsión para vencer la forma de la curva pélvica, y exige de la madre un esfuerzo mucho mayor para el mismo fin. Todos estos factores favorecedores, incluso con el uso eventual de analgesia, acompañados por un equipo competente e involucrado, propicia una evolución mucho más serena, con reducción del tiempo del trabajo de parto y con gran tolerancia a las molestias, incluso en los momentos en que las " "ondas contráctiles" se presenten con mayor sensibilidad dolorosa. En las mujeres que ya dieron la luz anteriormente (multíparas), ocurre reducción del tiempo del trabajo de parto comparado con aquellas que nunca parió (nulíparas), cuando toda la dinámica ocurre entre 8 a 9 horas en lugar de una media de 12 a 14 horas El parto es un momento crítico, sin control, irreversible, y el obstetra, cuando "todo está evolucionando bien", tiene obligación de permitir a la parturienta participar con libertad y lucidez de la experiencia del nacimiento. En el caso de las mujeres, el número de mujeres en edad fértil es mayor que el de las mujeres. la presencia de acompañante de su elección es altamente beneficiosa, sea por la acogida solidaria de la simple presencia o por colaborar con el uso de técnicas de relajación o masajes.


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