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Juguetes simples ofrecen riesgos para la salud del niño

Juguetes simples ofrecen riesgos para la salud del niño

Jugar de avión, de guerra de almohadas o de girar en el aire son pasatiempos que arrancan sonrisas y sacan el aliento de los niños. Cuando encuentran un adulto para cómplice de estas estripulias, los pequeños sólo sostienen cuando el cansancio habla más alto. "En esas situaciones, el vínculo familiar es fortalecido, los niños pasan a confiar más en sus responsables", afirma la pediatra Cátia Fonceco, de la Unesp de Botucatu. Pero no todo juego es libre de riesgos. A pesar de los populares, algunas de ellas incluso necesitan ser evitadas no sólo por los riesgos físicos que ofrecen, sino porque pueden sacudir las emociones infantiles.

1. Girar al niño en el aire

No tiene como evitar el frío en la barriga: muchos adultos tienen manía de sostener a un niño por los deditos o por los puños mientras hace rodopios en el aire. "Pacientes de hasta cuatro años viven llegando al hospital con codos, puños o dedos desplazados por haber sido girados por los brazos o por las manos por adultos", dice Cátia. Las lesiones ocurren porque la estructura ósea infantil es naturalmente más frágil, por lo que sujeta a desplazamientos, principalmente en los brazos y las piernas. "Además, el niño normalmente no se queja de dolor durante la broma, porque sólo piensa en la diversión, con lo que los adultos tardan en percibir que están lastimando a sus hijos".

Padre jugando con la hija - Foto Getty Image

2. Guerra de almohadas

Polvo, ácaros y otras impurezas que normalmente se acumulan en las almohadas hacen de esta batalla un embate final para niños alérgicos. "Las crisis de bronquitis, rinitis y otros tipos de inflamación en las vías respiratorias pueden ser desencadenadas por este tipo de broma, los ojos del niño, que son más sensibles de los que los de los adultos también suelen estar irritados", afirma la experta

3. Videojuegos y TV

Largas horas frente a la televisión, ya sea viendo los programas o jugando videojuegos, pueden entorpecer la concentración de los niños en la escuela, dice un nuevo estudio de la Universidad del Estado de Iowa, en Estados Unidos. Los padres deben estimular a los niños en la búsqueda de otras fuentes de diversión, disminuyendo la dependencia provocada por los aparatos electrónicos.

"Durante los juegos el lazo familiar es fortalecido y los niños pasan a confiar más en sus responsables"

4. Son muy altos

Los niños sufren mucho con problemas en el audífono, y la culpa no siempre es de los hongos o bacterias causantes de infecciones. Es común que los padres coloquen música infantil en un volumen muy alto, lo que puede perjudicar la audición del niño. Los canales auditivos infantiles son más sensibles, por lo que evitar el uso de auriculares y controlar los aparatos a partir del tono de voz que utilizan para conversar mientras asisten a un programa o escuchan música. Al notar que necesita gritar, es señal de que el volumen de la radio o de la TV debe ser disminuido.

5. Entrar en la piscina

Los primeros contactos del niño con la piscina deben contar con acompañamiento profesional. "La temperatura del agua, la cantidad de cloro o la falta de higiene en la piscina pueden causar problemas serios en bebés menores de dos años", afirma la pediatra. La otitis es un problema más común - es una inflamación en el canal interno del oído, causada por hongos y bacterias que se proliferan después de un contacto prolongado con el agua.

6. A la hora de comer

A la hora de comer, muchos padres se sienten el hijo, lo que puede dificultar la alimentación. "La posición ideal para alimentar a un bebé es frente a él. En esta posición usted puede mirar a la boca, previniendo los golpes o la devolución de la comida por birra o gracia. Además, hasta los seis años, la columna del niño todavía no está que es más frágil que la de los adultos, quedando mucho tiempo con el niño sentado en el regazo puede aumentar las posibilidades de que sufra con desvíos posturales ", explica la pediatra.

El sillón es el más indicado, ya que mantiene la espalda del niño en un ángulo cercano a 90 ° en relación a las piernas, protegiendo la columna de posibles desplazamientos.


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